diciembre 6, 2018

Sonda de la NASA Osiris-Rex

OSIRIS-REx: Sonda de la NASA llega al asteroide Bennu

La primera misión de la NASA diseñada para visitar un asteroide y traer una muestra de su polvo a la Tierra llegó este lunes a su destino, Bennu, dos años después del lanzamiento desde Cabo Cañaveral, Florida.

La misión de 800 millones de dólares, conocida como OSIRIS-REx, hizo contacto con el asteroide alrededor, encendiendo sus motores por última vez.

Los asteroides son rocas de tamaño, forma y movimiento variable, sin atmósfera, cola o algún otro elemento propio de cometas o planetas. Pero pese a su aspecto yermo resultan ser un objetivo interesante para conocernos mejor a nosotros mismos, o mejor dicho a nuestro origen, el del sistema solar y el de la Tierra.

De 500 metros de diámetro, Bennu es del tamaño de una pequeña montaña, y se trata del objeto más pequeño que haya sido orbitado por una nave espacial del hombre. «Hemos llegado», dijo Javier Cerna, un ingeniero en la Lockheed Martin, mientras que sus colegas del control de la misión en Littleton, Colorado, saludaron y chocaron sus palmas, la cual se observó una transmisión de televisión en vivo de la NASA.

El asteroide es similar a 5 canchas de fútbol. Por ello, su campo gravitatorio es débil, y alcanzar la superficie será una tarea compleja.

Ahora se encuentra a unos 19 kilómetros de la superficie de Bennu para realizar una exploración preliminar del cuerpo celeste, aproximándose hasta unos 7 kilómetros, con lo que se podrá redefinir la masa, la tasa de giro y la forma del asteroide. Esto servirá para determinar los sitios potenciales para la toma de muestras de regolitos (es decir, rocas y polvo sobre una superficie inalterada).

Bennu, un fragmento del sistema solar inicial, es también considerado potencialmente peligroso. Representa un leve riesgo, con una posibilidad en 2.700 de colisionar con la Tierra en 2135.

Es rico en carbono, fue elegido entre unos 500 mil asteroides en el sistema solar ya que orbita cerca del circuito de la Tierra alrededor del Sol, debido a que tiene el tamaño adecuado para implementar un estudio científico y es uno de los asteroides más antiguos que conoce la NASA. Aunque haya tantos asteroides, muchos de ellos no se conocen bien a nivel de superficie y composición, y al final, pocos pasan los filtros que sólo Bennu logró pasar. Tales como:

Proximidad: Bennu está relativamente cercano a la Tierra (unos 2.000 kilómetros), la cual en este caso, es aún más importante al tratarse de una misión de ida y vuelta.

Órbita: Bennu se mueve de manera circular y no orbita irregularmente como otros asteroides, lo que resulta más inseguro para la misión.

Tamaño: cuanto más grande sea el asteroide, mejor, ya que los más pequeños rotan más deprisa y suelen proyectar materiales que podrían dañar a la sonda.

Composición química: el objetivo es conocer mejor la historia del sistema solar y la Tierra, y por este motivo la composición química redujo los candidatos a doce (a los que se les conoce dicha composición), y de ésos sólo cinco eran propicios para tomar muestras al ser ricos en carbono, la cual es importante de encontrar moléculas orgánicas. De éstos se eligió Bennu porque estaba más estudiado, de modo que se tenía más certeza de que su superficie fuese conveniente para aterrizar y recoger muestras.

Los científicos esperan que se revele más información, con respecto a la formación tempranera del sistema solar y sobre cómo encontrar recursos preciosos, ya sean metales y agua en los asteroides.

Con los asteroides, se proyecta una cápsula del tiempo, puesto que tiene una muestra prístina de cómo era el sistema solar hace millones de años. Es por esto que para los científicos, esta muestra va a ser mucho más preciada que el oro. Concluyó Michelle Thaller, portavoz del Centro de Vuelos Espaciales Goddard de la NASA.

 

El principio y el fin de nuestros tiempos siguen siendo dos de los pedales de aceleración que sugieren nuevas misiones espaciales, como es el caso de ésta. La idea es no sólo intentar conocer mejor la formación de planetas, sino también poder determinar con mejor grado qué ocurriría si un asteroide impactase en la Tierra.

Por otro lado está la presencia de ciertos componentes y lo que ya planteamos hace unos meses con esa «fiebre del oro» que parece estar renaciendo más allá de la exosfera. Los asteroides contienen componentes orgánicos, agua y metales entre otros, la cual se mira con ojos de sed para la exploración y desarrollo económico por parte de numerosas empresas.

Si todo va bajo lo previsto OSIRIS-REx orbitará Bennu el 31 de diciembre a unos 492 metros, con lo cual el asteroide pasará a ser el objeto más pequeño orbitado jamás por un vehículo de construcción humana. Y si finaliza la misión volviendo sano y salvo en septiembre de 2023, será la primera misión estadounidense en tomar muestras de un asteroide y devolverlas a la Tierra, así como recoger la muestra más grande.

«¡Aliviados, orgullosos y ansiosos de comenzar a explorar!», tuiteó el científico principal Dante Lauretta, de la Universidad de Arizona.

Con Bennu a más de 130 millones de kilómetros de distancia de la Tierra, tomó siete minutos para que el mensaje de la sonda llegara a los controladores de vuelo en Lockheed Martin en Littleton, Colorado. La compañía fabricó la sonda allí.

La sonda, del tamaño aproximado de una camioneta SUV, estará junto al asteroide durante un año, antes de recoger muestras de su suelo y regresar a la Tierra.

Osiris-Rex busca recolectar al menos 60 gramos de polvo y grava de Bennu. La nave no aterrizará, pero usará un brazo mecánico de tres metros en 2020 para tocar suelo momentáneamente y absorber las partículas. EL contenedor de las muestras se separará y partirá hacia a la Tierra en 2021.

Esas muestras descenderán en paracaídas en Utah, representarían la mayor recolección cósmica desde que los astronautas de la misión Apollo trajeron rocas de la Luna a finales de la década de 1960 e inicios de la de 1970.

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